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Londres y la Expo

En concreto es en la primera exposición universal que tiene lugar en 1859, promocionada por el príncipe Alberto, el  esposo de la reina Victoria. La idea nace tras visitar la Exposición Industrial de París. Se trataba de mostrar los avances industriales y técnicos en el ámbito internacional. Lógicamente, se necesitan recintos específicos para estas exposiciones.  La primera Exposición Universal, conocida como la Gran Exposición de 1851, tuvo un impacto significativo en Londres y en el desarrollo urbano, cultural y económico de la ciudad. 

La Gran Exposición influyó en Londres en diversos aspectos 

1. Innovación y Tecnología: La Gran Exposición de 1851 fue un escaparate para la innovación y la tecnología de la época. Se celebró en el Crystal Palace, una estructura de vidrio y hierro diseñada por Joseph Paxton, que simbolizaba el progreso industrial. La exhibición presentó una amplia gama de productos y avances tecnológicos de todo el mundo, desde maquinaria industrial hasta productos manufacturados, lo que ayudó a establecer a Londres como un centro líder de innovación y desarrollo tecnológico. 

2. Impacto Económico: La Exposición atrajo a millones de visitantes de todo el mundo, lo que generó un importante impulso económico para Londres. La afluencia de turistas y comerciantes aumentó la actividad económica en la ciudad, desde el comercio minorista hasta la industria hotelera y de servicios. 

3. Desarrollo de Infraestructura: La Gran Exposición estimuló el desarrollo de la infraestructura en Londres, incluyendo la expansión de los sistemas de transporte, como ferrocarriles y tranvías, para facilitar el acceso al sitio de la exposición y a otras partes de la ciudad. Además, la construcción del Crystal Palace y otras estructuras relacionadas con la Exposición contribuyó al desarrollo arquitectónico de la ciudad. 

4. Promoción de la Cultura y las Artes: La Exposición también tuvo un impacto cultural al promover el intercambio cultural y la difusión de conocimientos entre diferentes países. Además de las exhibiciones tecnológicas, se presentaron obras de arte, esculturas y productos culturales de diversas partes del mundo, lo que ayudó a enriquecer la escena cultural de Londres y fomentar el intercambio cultural internacional. 

El nombre propio de esta exposición universal fue Joseph Paxton quien presentó un edificio que solo costó con la interioridad, que es el Palacio de Cristal. Curiosamente, no se trataba de un arquitecto, sino de especialista en la construcción de invernaderos a los que recuerda el aspecto exterior del edificio.
Un edificio que no tenía absolutamente nada, solamente hierro y cristal, y que para los contemporáneos fue una exhibición increíble porque tanto el hierro como el cristal existían con anterioridad, pero ahora eran extraordinariamente más baratos. Sus ventajas eran muchas: rápida ejecución, materiales reciclables, materiales fabricados en serie (hierro y cristal), fácil ensamblaje de los materiales, las columnas de sustentación, de hierro, eran huecas y por ellas iban tanto los desagües como el cableado, adecuada ventilación, ampliable mediante la panelación de sus elementos, luz abundante (la construcción respetaba los árboles que quedaban dentro) y un aspecto tan frágil, pero resistente. 
La Exposición Universal de 1851 en Londres y el Palacio de Cristal diseñado por Joseph Paxton fueron eventos y estructuras que tuvieron un impacto significativo en la arquitectura y que influyeron en el desarrollo de la arquitectura moderna en aspectos esenciales como la innovación en materiales y técnicas constructivas.
Este Palacio de Cristal destacó precisamente por su innovador uso de materiales y técnicas constructivas. Fue construido principalmente con hierro y vidrio, utilizando una estructura modular basada en módulos de cristal y componentes de hierro prefabricados. La utilización de estos materiales no solo permitió la creación de un espacio amplio y luminoso, sino que también marcó un cambio importante en la forma en que se construían los edificios, allanando el camino para el desarrollo de la arquitectura moderna. 
Además el Palacio de Cristal fue pionero en la prefabricación y modularidad a gran escala. Los componentes fueron fabricados fuera del sitio y luego ensamblados en el lugar, lo que aceleró el proceso de construcción y permitió una mayor eficiencia. Esta idea de modularidad y prefabricación influyó en arquitectos modernos, como los de la Escuela de Chicago, que adoptaron enfoques similares para la construcción de rascacielos y otros edificios. 
Junto a esto destacó por el énfasis que los arquitectos desde este momento le van a dar a la luz y el espacio. El Palacio de Cristal se caracterizó por su abundante entrada de luz natural, gracias a la extensa utilización de cristal en las paredes y techos. Esta idea de crear espacios luminosos y abiertos influyó en los arquitectos modernos que buscaban maximizar la entrada de luz y la sensación de amplitud en sus diseños. 
Por último, generalizó el uso de materiales industrializados lo que reflejaba un cambio hacia el uso de materiales industrializados en la construcción.
La producción masiva de hierro y vidrio durante la Revolución Industrial permitió la creación de estructuras más grandes y ligeras. A esto se unió el hormigón (Cemento Portland, 1824)  y una invención técnica como la de los ascensores. 
Este enfoque en materiales industrializados y la aplicación de tecnologías avanzadas influyó en la arquitectura moderna, especialmente en el desarrollo de rascacielos y otros tipos de edificios. Significativamente, el señor Paxton construyó un edificio en Hyde Park, en Londres, pero lo desmontarían, lo que mostró los avances del mundo moderno.
Ahora, y desde entonces,  la arquitectura se caracterizaría, en primer lugar, por el uso del hierro al principio solamente como elemento funcional y luego decorativo, utilizando forjados. Posteriormente, intentan utilizar el hierro de forma más estética. También incorpora el hormigón y el cemento Portland, que son más flexibles e industriales, permitiendo construcciones rápidas y económicas. 
Además, el uso del cristal, que ya existía, pero ahora es mucho más barato. Estos materiales permiten ampliar la luz, eliminar las columnas y pilares, y ser mucho más creativos en las construcciones. La arquitectura del hierro de cristal se aceptó rápidamente en edificios funcionales como fábricas, almacenes e incluso casas residenciales. Sin embargo, hubo mucha oposición en los edificios monumentales, ya que resultaba difícil comprender cómo un edificio monumental podía ser de hierro y cristal.  Un puente sí podía ser de hierro. El primer puente de hierro en el siglo XVIII fue un hito importante, siendo una construcción funcional para el transporte. Pero ¿para un edificio? ¡A quién se le ocurre!

Londres, hoy. El triunfo del hierro y del vidrio

Skyline
Fernando Javier Romero Balsera. Skyline de Londres (GNU/GPL)

Fui a Londres por primera vez en el año 1986. Era un Londres muy distinto. Mucho más gris y culturalmente muy activo. Triunfaba el Punk en la estética y en la música. Pasear por Carnaby Street y , en general, por el Soho era cruzarte con tribus urbanas.

He ido algunas veces más, pero en este mes de junio de 2024 he encontrado algo que sí que me ha impactado y ha sido su nuevo Skyline que identifica el distrito financiero de la City de Londres. Éste espacio tendrá para 2030 una nueva generación de rascacielos. Y la diferencia será sorprendente.

Esta zona conocida como The Square Mile tendrá un total de 11 nuevas torres, la más alta se extenderá más que cualquiera de las existentes actualmente. Juntos, convertirán lo que actualmente es un grupo algo disperso y errático, en un área estrecha, casi en forma de cuadrícula, donde los edificios altos se alinearán en una formación que se asemejará a las cerdas de un cepillo de dientes. Esta nueva visión proviene de la Corporación de la Ciudad de Londres, que dice que hay 500.000 metros cuadrados de nuevo espacio de oficinas aprobados o en construcción, y se proponen otros 500.000 metros cuadrados de espacio. Los proyectos comprometidos tienen aproximadamente el mismo tamaño que 70 campos de fútbol. Hasta ahora, la reacción a estos planteamientos sobre el futuro horizonte londinense ha sido en gran medida hostil. En un período en el que el espacio para oficinas tiene menos demanda, los nuevos rascacielos podrían inundar un Londres hambriento de viviendas con más espacio comercial. El centro de Londres tiene una tasa de desocupación de oficinas de alrededor del 8,5%, según un informe de CBRE Group Inc. Si bien la densidad de rascacielos se intensificará, es difícil argumentar que esto representa una nueva dirección para la City de Londres. Un centro de negocios que fue sustancialmente dañado por los bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial, el área ha sido durante mucho tiempo, paradójicamente, el distrito más antiguo y más nuevo del centro de Londres al mismo tiempo. Aquí, el acero y el vidrio modernistas se ciernen sobre iglesias barrocas, mercados victorianos y oficinas eduardianas en piedra caliza, todos construidos sobre antiguos asentamientos romanos. Aquí han estado apareciendo edificios de gran altura durante décadas, generalmente construidos en sitios no de estructuras históricas sino de complejos de oficinas de los años 60 y 70 que habían llegado a la obsolescencia. Y si bien algunas de estas torres (en particular la Gherkin o "El pepinillo de Norman Foster"") se han vuelto muy apreciadas, varias otras han tenido notables debacles estéticas y prácticas, en particular el Walkie-Talkie, un edificio tan defectuoso que parecía haber sido diseñado para antagonizar a todos.

Las nuevas torres simplemente reforzarán la dirección el skyline de la ciudad con muchos más rascacielos. Por supuesto, que hay críticos ante esto. La cercana cúpula de la Catedral de San Pablo, una rara joya en el horizonte de Londres, existe una preocupación razonable (como la hay en Nueva York) de que más torres bloqueen aún más las vistas. Pero se podría argumentar que el horizonte futuro es, al menos, un paso hacia el orden, superando la anarquía visual de los últimos años cuando surgieron torres a lo largo del Támesis sin ninguna coherencia o cuidado visual aparente. Los rascacielos colocados muy juntos pueden correr el riesgo de que las calles mueran de hambre bajo la luz, pero también lucen un poco mejor.

En la otra margen del Támesis destacan otros edificios como la Torre London Bridge, también conocida como The Shard (literalmente, la ‘esquirla’ o el pedazo de vidrio roto), diseñada por el genovés Renzo Piano un edificio de usos mixtos que cuenta con 72 plantas y se sitúa en la margen sur del río Támesis. Cercano a la estación de London Bridge —un intercambiador de transportes por el que pasan al día más de 200.000 viajeros—, el rascacielos fue consecuencia de la política que llevó a cabo el alcalde de Londres Ken Livingtsone, basada en aumentar la densidad edificatoria de la ciudad, mejorando los nodos de transporte público para combatir la congestión del tráfico privado. La forma piramidal de la torre permite dar cuenta de la variedad de usos que acoge en su interior: plantas anchas para oficinas en la parte inferior; espacios públicos y un hotel en el medio; y apartamentos en el tramo final, donde la crujía es mucho más estrecha.

Las últimas plantas se destinan a una galería abierta al público que, desde sus 240 metros sobre el nivel de la calle, se abre panorámicamente a las vistas sobre Londres. Después, el rascacielos se prolonga, afilándose progresivamente, hasta alcanzar los 306 metros de altura. Resuelta con una estructura apoyada en un núcleo central de hormigón armado donde se ubican los ascensores y el resto de instalaciones, la torre está compuesta por ocho cuerpos que, a modo de ‘pedazos de cristal’, definen la singular forma del edificio. La fachada reafirma el carácter cristalino del rascacielos gracias al uso de vidrios extraclaros. Para atenuar el efecto de la radiación, se desarrolló un sistema de doble hoja que permitió incorporar en la cámara de los vidrios cortinillas automatizadas de protección solar. De este modo, las distintas orientaciones, sometidas a niveles de radiación distintos en función de la hora o de la estación del año, adoptan niveles de transparencia variados y cambiantes. Por su parte, las grietas entre los ocho cuerpos de la torre se abren a los vientos dominantes, dotando de ventilación natural a una serie de invernaderos o jardines de invierno que se usan como agradables espacios comunes vinculados al exterior. El proyecto también ha supuesto la remodelación de las estaciones de trenes y autobuses adyacentes. La cubierta original de estos se ha eliminado y reemplazado por una pérgola acristalada, y las tiendas se han cambiado de lugar para abrir visuales de conexión entre la estación de tren, la de autobuses y las playas de taxis. El esquema se completa con dos plazas públicas. Son mejoras en el espacio público que resultan relevantes a la hora de regenerar esta parte tradicionalmente abandonada y descuidada de Londres.

Cerca de la torre de Piano está otra obra de Norman Foster. Foster ha experimentado también el recelo ante su arquitectura de precisión en su propia ciudad, Londres, donde el mismo alcalde que se opone a que la burbuja geodésica de su proyecto de Ayuntamiento, comparado displicentemente con «un faro de automóvil», saluda con entusiasmo la aguja fracturada de Piano para el que será, con 390 metros, el edificio más alto de Europa, la London Bridge Tower; antes, Foster había tenido que renunciar a dar a Londres ese récord tras el rechazo de su torre en la City, para cuyo emplazamiento propone hoy un exquisito obús de vidrio de sólo 180 metros de altura que aún no tiene licencia definitiva.

Ayuntamiento de Londres y The Shard
Fernando Javier Romero Balsera. Skyline cercano al Támesis (GNU/GPL)

Junto a ella está la Torre 30 St Mary Axe de Foster + Partners. En el corazón financiero de Londres, sobre el solar de la antigua Baltic Exchange, el edificio de Swiss Re en el número 30 de St Mary Axe domina, con sus 180 metros de altura, el perfil de la ciudad. De silueta fusiforme, su huella circular en el nivel de la calle permite esponjar el tejido urbano, generando una plaza pública delimitada por muretes que integran también el mobiliario urbano. Dotado en planta baja con tiendas y cafeterías accesibles a todo tipo de público, este rascacielos de cuarenta y una alturas cuenta con una superficie de 46.400 metros cuadrados destinados a oficinas. En la cima, el radio de la planta disminuye hasta los 25 metros después de alcanzar los 57 metros en el piso 17. Una estructura periférica de 36 pilares metálicos en espiral resiste los empujes horizontales, reservando para el núcleo interior la función de sustentar la carga vertical. De geometría circular, las plantas aparecen cercenadas en seis alas mediante vacíos radiales de dos o seis alturas que perforan en espiral el interior del edificio, manifestándose en la fachada mediante bandas de vidrio gris. Estos atrios locales incrementan el número de puestos de trabajo perimetrales, hacen posible llevar la luz y el aire hasta los rincones más recónditos del interior y actúan como centros de servicio y lugares de encuentro para reuniones informales. Coronando la torre se suceden los comedores privados en la planta 38, el restaurante en la planta 39 y, finalmente, el bar situado bajo la gran lente de 2,5 metros de diámetro que remata la cúpula y permite contemplar la impresionante vista panorámica de Londres que se extiende hacia el oeste.

Norman Foster. Torre 30 St Mary Axe
Fernando Javier Romero Balsera. Torre 30 St Mary Axe (GNU/GPL)

La forma ahusada del edificio aminora el empuje del viento sobre la fachada, reduce las turbulencias en la base que tanto incomodan al peatón al pie de las torres de caras planas y participa de forma decisiva en la estrategia de ventilación del interior. La planta circular impedía tratar de forma específica la fachada para responder a las exigencias de cada orientación; se decidió así envolver la estructura mediante un cerramiento doble que canaliza el aire temperado y alberga además las persianas, de manera que la ventilación natural suplementa la mecánica durante el 40 por ciento del año reduciendo el consumo energético. Dos tipos de piezas integran este cerramiento: una romboidal entre forjados, y otra formada por dos sectores triangulares planos que dejan una rendija entre sí desde la que se incorpora aire fresco al plénum de cada planta. Los atrios se cierran mediante vidrios simples practicables y otras piezas dobles y fijas, dejando que el edificio respire de forma lenta pero constante.

Cerca la firma de Norman Foster levantará otro rascacielos conocido como La Tulipe. Previsto para 2025 se conoce el diseño de esta torre de 305 metros que, siempre que obtuviese el permiso de construcción, sería la estructura más alta de la ciudad de Londres. Situado junto al edificio 30 St Mary Axe —conocido como The Gherkin (‘el pepinillo’), también proyectado por la firma británica—, el nuevo diseño semeja un tulipán con hojas de acero y vidrio y un delgado tallo de hormigón. Esta atracción turística, con pasarelas transparentes y cabinas giratorias, incluye un restaurante panorámico y un centro educativo para niños. Foster + Partners diseñó el proyecto para el Grupo J. Safra, el banco privado actual dueño del Gherkin. Si recibe la aprobación, la torre podría comenzar a construirse en 2020 para ser inaugurada en 2025.

Fernando Javier Romero Balsera. Obra de Norman Foster en el Skyline (GNU/GPL)

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