Rike Yamamoto. Imagen obtenida de la cuenta de ProTecDi en Twitter- ahora X-
Este año el Premio más prestigioso de la arquitectura mundial, el Premio Pritzker, le ha sido concedido al arquitecto japonés - aunque nacido en Pekín- Riken Yamamoto (1945). Yamamoto se trasladó con su familia a la prefectura de Yokohama siendo niño.
Rike Yamamoto. Imagen obtenida de la cuenta de AD México en Twitter- ahora X-
Formado en ingeniería en la Universidad de Nihon y Arquitectura por la Universidad de Tokio, se le vincula a los arquitectos Kengo Kuma –un virtuoso de la construcción en madera– e Iroshi Hara, este último considerado mentor de ambos. Uno de los momentos clave en la vida de Yamamoto que le decantaría hacia la arquitectura fue cuando a los 17 años visitó el templo Kôfuku-ji en la ciudad de Nara. Una pagoda budista de cinco plantas que simboliza los cuatro elementos naturales y el propio espacio.
Riken Yamamoto es académico de la Academia Internacional de Arquitectura japonesa (2013), ha recibido numerosas distinciones, incluyendo el Premio del Instituto Japonés de Arquitectos para el Museo de Arte de Yokosuka (2010), Premio de Edificios Públicos (2004 y 2006), Premio de Oro al Buen Diseño (2004), Premio del Instituto de Arquitectura de Japón (1988 y 2002), Premio de la Academia de las Artes de Japón (2001) y Premios de Arte Mainichi (1998).
Desde que en 2010 el estudio SANAA –Kazuyo y Ryue Nishizawa– se llevara el principal premio de arquitectura internacional, han sido cuatro los proyectistas de esa nacionalidad que lo han conseguido. La sorpresa, pues, ha sido mayúscula. También por el perfil del ganador, un profesional cuya obra tiene poca repercusión, quizás porque apenas ha construido fuera de Japón. Lo que ha hecho dudar sobre las razones que han llevado al jurado a otorgar este premio.
Como publicó la nota del Premio “Mediante la calidad y consistencia de sus edificios, su objetivo es dignificar, mejorar y enriquecer la vida de las personas (desde niños hasta ancianos) y sus conexiones sociales. Y lo hace a través de una arquitectura autoexplicativa, pero modesta y pertinente, con honestidad estructural y escala precisa, con cuidadosa atención al paisaje del entorno”.
Una declaración que podría servir para cualquier arquitecto que no levante edificios que obstruyen el acceso a sus espacios, pero que en el caso de Yamamoto está relacionado con una resistencia a la arquitectura ordinaria que busca la separación. Según las propias palabras del premiado, “el enfoque arquitectónico actual enfatiza la privacidad, negando la necesidad de relaciones sociales. Sin embargo, aún podemos honrar la libertad de cada individuo mientras vivimos juntos en un espacio arquitectónico como una república, fomentando la armonía entre culturas y fases de la vida”.
La forma en la que concibe la distribución de los espacios es importante y similar a paneles de papel –llamados shoji– que se abren y cierran estancias recreando la división habitacional interna según las necesidades y problemáticas domésticas.
Como arquitecto que ha viajado por todo el mundo entendió que la clave de su profesión, de todas las culturas arquitectónicas, se encuentra en el límite entre lo público y lo privado, como un espacio intermedio. Este eje ha sido vertebrador en todos sus proyectos, desde residencias privadas a complejos de viviendas sociales, museos de arte contemporáneo como el de Yokosuka, edificios administrativos, complejos universitarios –hasta siete, en toda su carrera– o, más recientemente, la zona de negocios junto al aeropuerto de Zúrich llamado The Circle y completada en 2020.
Yamakawa Villa. Foto: Tomio Ohashi
Yamakawa Villa. Foto: Tomio Ohashi
Uno de los pocos proyectos realizados fuera de Japón. La primera obra que realiza, la Yamakawa Villa (1977), contiene visionariamente muchos de los temas mencionados. De una valentía radical para ser una primera obra, se trata de una cabaña en el bosque cuyas estancias -dormitorio, baño, cocina– dan todas al exterior, pero son módulos independientes y dispersos que dejan amplios espacios entre sí. Para ir del dormitorio a la cocina es necesario salir al exterior –interior– de la casa. Desde fuera, parece una casa a la que han vaciado partes de su contenido, o a la que le faltan los muros exteriores. Ese efecto de transparencia será continuo en el resto de su carrera.
Puede que el único gesto que pueda definirle. “No soy muy bueno en el diseño”, admite Yamamoto en un libro publicado en 2012 sobre su trabajo, “pero presto mucha atención a lo que me rodea”. A lo que añade, reconociendo su ausencia de estilo: “Cada proyecto es diferente en tamaño y uso. No hay consistencia en forma o materiales. Aquellos que los vean por primera vez juntos pueden preguntarse si son del mismo arquitecto. Sin embargo, al abrir este libro y pasar las páginas creo que podrán entender que las obras están relacionadas” Igualmente ha declarado en alguna ocasión que "Reconocer el espacio, supone reconocer a una comunidad entera. El actual planteamiento de la arquitectura incide en la privacidad, negando la necesidad de relaciones sociales. No obstante, todavía podemos honrar la libertad de cada persona sin que dejemos de vivir juntos dentro del espacio arquitectónico a la manera de una república, incentivando la armonía a través de las culturas y fases de la vida".
La propia casa del arquitecto, llamada Gazebo y que construyó en 1986 para él y su familia en Yokohama, es una construcción de tres alturas y fachada metálica, algunas de cuyas estancias se sitúan en la azotea y abiertas al exterior.
Gazebo House. Image
Gazebo House. Yokohama. Primera residencia de Yamamoto (1986). Fuente: ABC
Al igual que en la Yamakawa Villa, aparecen dispersas. En este caso, además, el arquitecto plantea una relación natural con los vecinos al posicionar espacios que le resultan importantes cerca de las viviendas colindantes y así poder tener una relación directa con ellos.La transparencia, tan inherente a la identidad de la arquitectura japonesa, constituye también un rasgo crucial en sus edificios, donde esta cualidad permite establecer una firme continuidad del paisaje y una vivencia y vinculación a este por parte de quienes se relacionan con el edificio desde su propio interior y desde el exterior. La construcción de comunidad, el espacio de la vida, se desarrolla mediante el intercambio cotidiano.
Hotakubo Housing. Foto: Tomio Ohashi
Pangyo Housing . Imagen cortesía de Riken Yamamoto & Field Shop
Pangyo Housing . Foto: Kouichi Satake
Tanto en las residencias individuales, como en los complejos de viviendas que construye, la premisa es siempre potenciar los espacios comunitarios y huir de los patrones habituales que establecen las unidades habitacionales como clones que uniformizan a su vez la idea de familia.
Universidad Nagoya Zokei del arquitecto japonés Riken Yamamoto. Foto: EFE/Shinkenchiku Jian Wai Soho
En los 90, tres proyectos educativos –el Instituto Iwadeyama, la Universidad prefectural de Saitama y la Universidad de Hadokate– le sirven para ir avanzando sus tesis. Le fascina la posibilidad de crear mini sociedades mediante la integración de diferentes unidades bajo un mismo elemento. En el caso de Saitama (1999), los diferentes departamentos universitarios comparten una misma techumbre que es a su vez un inmenso jardín.
Por su parte, la Universidad de Hadokate (2000) es un bloque cúbico de cristal translúcido inmenso en cuyo interior se superponen diferentes plataformas abiertas en escala, donde se encuentran a su vez diferentes departamentos universitarios. Así, la transversalidad permite una convivencia porosa.
Estación de bomberos Hiroshima del arquitecto japonés Riken Yamamoto. Foto: EFE/Tomio Ohash
Este juego vuelve a reproducirlo en una de sus construcciones más aclamadas: la estación de bomberos de Hiroshima (2000). Un edificio cúbico transparente cuya visión desde el exterior hacia lo que sucede en el interior del edificio es ininterrumpida, mientras que los bomberos trabajan también rodeados de la vida cotidiana de la ciudad. El interior del edificio no tiene ningún elemento que obstruya la visión, incluso los suelos son de cristal, permitiendo un juego de transparencias fascinante.
Torres de Jian Wai Soho del arquitecto japonés Riken Yamamoto. Foto: EFE/Riken Yamamoto & Field Shop
Por su parte, Jian Wai Soho (2004) es un desarrollo de 122 mil metros cuadrados cerca de la plaza de Tianamen, en el centro de Pekín. Viviendas, zonas comunes en diferentes alturas, comercios y oficinas que conjugan la accesibilidad de habitantes y visitantes, y se armonizan con una estética que huye del posmodernismo imperante, e imponente, en la capital china, optando por una abstracción minimalista que puede recordar los alienantes bloques de edificios colmena.
La posibilidad de crear lugares de intercambio físico y visual entre los ciudadanos, levantar las barreras que nos separan, es, pues, uno de los mayores valores que aporta la arquitectura de Yamamoto, como demostró también en la Biblioteca de Tianjin (2012), de carácter casi brutalista pero en cuyo interior la mirada atraviesa todos los espacios en vertical, horizontal y diagonal, con un juego de elevaciones y plataformas muy dinámico.El ideario conceptual de Yamamoto se concreta en estructuras modulares y formas sencillas, en intervenciones sutiles y precisas, dando así lugar a edificios «que no dictan actividades, sino que permiten que las personas den forma a sus propias vidas dentro de ellos con elegancia, normalidad, poesía y alegría». La idea de comunidad de la que tanto se habla actualmente en arquitectura es un valor que el japonés lleva décadas trabajando.
The Circle, Aeropuerto de Zurich. Imagen cortesía de Flughafen Zürich AG
Concederle el premio Pritzker es una forma de reconocerle haber sido pionero de tesis que van contra muchos de los paradigmas sobre los que se han construido las ciudades en las últimas décadas por los llamados arquitectos estrella –o más bien por los burócratas de turno–. Y cuya principal consecuencia a menudo es el de vivir a espaldas de nuestros vecinos, o levantar edificios que no se relacionan con lo que les rodea. Anteponiendo la belleza icónica del mismo al disfrute y la posibilidad de interacción de los ciudadanos.
Entre sus proyectos más relevantes cabe mencionar el edificio de viviendas Hotakubo (Kumamoto, 1991), la Escuela Secundaria Iwadeyama (Ōsaki, 1996), la Universidad de la Prefectura de Saitama (1999), la sede de Future University (Hakodate, 2000), el bloque residencial Shinonome Canal Court CODAN (Tokio, 2003), Casa Ecoms (Tosu, 2004), la torre de usos mixtos Jian Wai SOHO (Pekín, 2004), la Biblioteca de Tianjin (2012), THE CIRCLE (Zúrich, 2020) y la Universidad Nagoya Zokei (Nagoya, 2022).
Museo Yokosuka de Arte del arquitecto japonés Riken Yamamoto. Foto: EFE/Tom Welsh
Es cierto que la discreción de sus propuestas, que juegan con las transparencias y los límites, permitiendo que sean los propios usuarios los que construyan los espacios a partir de sus interacciones, contiene una gran carga poética y humanista que incorpora gestos de la propia historia arquitectónica de su tierra de forma natural: una manera de construir que el jurado califica como de “normalidad extraordinaria”. Arquitectura silenciosa, podríamos decir. Pero también es cierto que el punto de encuentro entre lo discreto y lo banal puede llegar a ser crítico.
El Pritzker es el primero que recibe fuera de su país. Él mismo, instauró en 2018 un galardón para lanzar la carrera de jóvenes arquitectos llamado el Local Republic Award, otorgado a aquellos proyectistas que aporten ideales para afrontar el futuro.