Arte y no arte
Mira esta imagen. Responde a unos grafiti que aparecen en la Calleja del Soldado ¿Qué te parece? ¿Es arte?
Cuando llegamos al grafiti llegamos a una pregunta crucial ¿es arte o vandalismo? Esta es una de las cuestiones más discutidas en en el mundo del arte. Esta práctica no suele dejar indiferente a nadie: o la amas o la odias.
Los grafitis son pinturas realizadas en lugares públicos mediante aerosol (grafiti propiamente dicho), stencil o gigantografía. Sin duda, es una manifestación cultural rodeada de polémica, que ha sido objeto de discusión durante mucho tiempo. El arte de hacer grafitis ha evolucionado mucho en los últimos tiempos.
En un principio, se trataba de meras firmas de grafiteros para, más adelante, convertirse en obras mucho más ambiciosas y complejas. El grafiti está fuertemente vinculado con la protesta y el inconformismo. Sea como fuere, esta forma de expresión nunca podrá desligarse de cierto aire rebelde e incomprendido. Generalmente, concebimos el grafiti como un fenómeno contemporáneo originado en el Nueva York de los años 60. No obstante, existieron grafitis mucho más antiguos.
En el período de 1985 a 1989 en los escritores de graffiti de Nueva York fueron los más resistentes. El espacio preferido para los grafiteros era los vagones del metro y cercanías. Debido a las medidas de ajuste adoptadas por las autoridades, el arte del graffiti dio un paso atrás en su desarrollo: se pasó del exterior de las piezas del tren fueron reemplazados por etiquetas simplificadas utilizando marcadores convencionales .
Podemos decir que a mediados de 1986 Gestión del transporte urbano en Nueva York y Chicago habían ganado la "guerra contra el graffiti," y el número de "escritores" grafiteros que trabajan activamente había disminuido notablemente. Algunos escritores de la década de 1980 comenzaron a subir en los techos y paramentos de bloques de pisos y pintar allí. Graffiteros famosos como Cope2, Garra de Dinero, Sane Smith, Zephyr y T Kid hacían pintadas de forma activa en este momento.
Esos "escritores" impusieron un código: 1) No escribir en los nombres de otros escritores, sobre todo en las obras de los demás; 2) No imponer a la gente de su visión del mundo; 3) No pintar en los espacios de importancia cultural, y, en general, no dibujar en viviendas 4) No escribir nunca sobre las lápidas. Pero , evidentemente, muchos jóvenes, no van a respetar ninguna regla.
Las autoridades de la ciudad han tratando de lidiar con los graffiteros por medio de la legalización a la hora de pintar en algunos espacios, muros, paramentos. En Nueva York, hay una unidad especial de la policía para combatir a los artistas de la calle, y se puede obtener una recompensa por información útil que van acompañadas de multas e incluso prisión.
Con el fin de hacer el graffiti una actividad de arte reconocida legalmente se han habilitado espacios en algunos edificios, , se han creado algunos estudios artísticos y de publicidad, se han organizado competiciones siempre de acuerdo con su código.
Nada que ver eso con los actuales. Banksy, Keith Haring, Blu, Os Gemeos, Vhils, Okuda San Miguel… Todos ellos son considerados como verdaderos genios del arte urbano.
Pero no siempre ha sido así. Nuestras calles nos muestran que no todos los grafitis son iguales. De hecho, su valor será determinante a la hora de determinar si un determinado grafiti es arte o vandalismo. Para ser considerado como arte, el grafiti debe reunir los siguientes requisitos:
- Originalidad. El arte urbano nunca puede ser mediocre. Esto significa que tanto su mensaje como su técnica tienen que ser capaces de llamar la atención. Verdaderamente, cada grafitero debe poseer un estilo propio e inconfundible para ser considerado un verdadero artista.
- Crítica social. El carácter subversivo del grafiti, lejos de ser un lastre, es su mayor virtud. Verdaderamente, estamos ante una de las manifestaciones artísticas más libres que existen… y eso debe ser aprovechado para transmitir un mensaje de rebeldía. Al fin y al cabo, la omnipresencia del grafiti resulta muy útil para hacernos más conscientes de nuestros defectos y contradicciones, así como de los diferentes problemas sociales.
- Alto valor pictórico. Al plantearnos si el grafiti es arte o vandalismo, sería un grave error medir todas las pinturas callejeras con el mismo criterio. Los fundamentos propios de las obras pictóricas (uso del color, elementos compositivos, perspectiva, etc.) también deben estar presentes en los grafitis para que los consideremos como una genuina expresión artística.
Más allá de su valor artístico, el gran problema siempre que se habla de si el grafiti es arte o vandalismo está en el lugar donde este se lleva a cabo. Al fin y al cabo, los grafiteros plasman sus creaciones sobre superficies que no les pertenecen (p. ej.: persianas de locales comerciales, mobiliario urbano, muros de viviendas, etc.). Las condiciones que debe cumplir un grafiti para no ser tildado de acto vandálico son las siguientes:
- Que reúna los requisitos propios del arte (originalidad, crítica social y alto valor pictórico).
- Que se realice en espacios expresamente habilitados para el arte urbano o con el permiso del dueño de los mismos.
- Que apueste por técnicas que no sean dañinas para el medioambiente. Tal es el caso de los llamados grafitis ecológicos (Moss Graffiti), que sustituyen los aerosoles por pintura 100 % libre de productos químicos.
Es obvio que los grafitis son valiosos para la sociedad, por lo que limitarse a prohibirlos no es una opción válida. Afortunadamente, es posible conciliar la libertad de expresión de los grafiteros con el mantenimiento del patrimonio urbano. La solución pasa, pues, por armonizar los intereses en conflicto.
Así, cada vez son más los propietarios que contratan a grafiteros para que embellezcan sus inmuebles (lo cual contribuye a la profesionalización de estos artistas). Por su parte, muchos ayuntamientos no solo delimitan espacios para el arte urbano, sino que también lo impulsan mediante talleres y concursos.