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Ramón Masats, un fotógrafo para una época

Ramón Masats, un genio en AFAL

La icónica fotografía de unos curas jugando a fútbol en Madrid

 Ramon Masats

Ramón Masats, un hombre pegado a una fotografía, Seminario. Pero fue mucho más que eso este fotógrafo catalán, Premio Nacional en 2004, que acabará asqueado de esa célebre imagen titulada 'Seminario'. Un seminarista suspendido en el aire mientras trataba de parar un balón en un descampado de Madrid. Una imagen de 1960 que casi sintetizaba aquel país. “¡El cura!”, recordaba hastiado Masats de una fotografía por la que siempre le preguntaban y que forma parte de la colección del MoMA neoyorquino. La foto fue un encargo de Gaceta ilustrada, en la que pidió a sus protagonistas que repitieran la escena hasta una veintena de veces 
Este barcelonés nacido en concreto en Caldes de Montbui en 1931 y que ha fallecido a los 92 años en Madrid a inicios del mes de marzo de 2024, considerado uno de los autores más grandes de la fotografía española, fue Premio Nacional en 2004 y un Premio PhotoEspaña por su trayectoria en 2014. 
Comenzó su interés por el mundo de la fotografía cuando realizaba el servicio militar. Aburrido, descubrió la revista Arte Fotográfico. Adquirió una cámara con el dinero que le sisaba a su padre. “Le dije que me había tocado en una tómbola”, contaba. “Cuando se enteró, me dio una hostia”. Aquel pecado posibilitó que Ramón empezara a tomar fotos familiares. 
Con esa primera cámara hizo sus primeras fotos y se inscribió en el círculo fotográfico del Casino del Comercio de Tarrasa, donde su familia había trasladado el negocio. Allí se presentó a un concurso de fotografía sobre animales y tuvo la idea de hacer un primer plano del lomo de una vaca. Inició el camino del reportaje en 1953 con un trabajo sobre Las Ramblas. 
Al año siguiente ingresó en la Agrupación Fotográfica de Cataluña, compartiendo vivencias con colegas como Ricard Terré y Xavier Miserachs. Masats pudo ser el primer español en ingresar en la mítica agencia Magnum, donde llevó sus fotos y gustaron, pero le pidieron que hiciera un reportaje. Para ello necesitaba dinero, se lo dijo a su padre y este se lo negó. Y ahí acabó su aventura parisina. 
No obstante, decidió probarse en los Sanfermines en Pamplona, en 1956. Pasó esos días sin beber y entre un grupo de mozos para conseguir un libro probablemente aún hoy no superado sobre la gran fiesta, publicado en 1963. 
Pamplona (1957).ARCHIVO RAMÓN MASATS

Aquellas fotos de los Sanfermines le abrieron la posibilidad de empezar a colaborar con la prestigiosa revista Gaceta ilustrada, pero como la publicación ya tenía en Barcelona colaboradores, decidió irse a Madrid en 1957. “Ya volverás”, le dijo su padre. Y no volvió. 
En 1957 se instaló en Madrid y recorrió España trabajando como reportero para la revista Gaceta Ilustrada. En la capital, Ramón frecuentó la Real Sociedad Fotográfica (RSF) y de ahí cuajó un grupo que compartía la costumbre de quedar los domingos para tomar unos vinos y luego hacer fotos cada uno por su lado, que él mismo bautizó como La Palangana. Eran los Ontañón, Paco Gómez, Cualladó... La RSF lo nombraría años después socio de honor. 
Ese mismo año ingresó en el Grupo AFAL(Asociación Fotográfica Almeriense y nombre también de la revista que publicaban Pérez Siquier y José María Artero). Afal dio a conocer fotógrafos que desde distintos puntos de España compartían las ganas de contar la realidad, y junto a sus amigos tertulianos de la Real Sociedad Fotográfica de Madrid, Gabriel Cualladó, Paco Ontañón, Leonardo Cantero, Joaquín Rubio Camín y Paco Gómez, creó el grupo fotográfico La Palangana. 
Museo del Prado. Madrid, 1958.ARCHIVO RAMÓN MASATS

. Barrio de la Concepción de Madrid, 1958.ARCHIVO RAMÓN MASATS
 

Entre 1958 y 1964 trabajó para diferentes revistas, como la mencionada Gaceta Ilustrada, Mundo Hispánico, Arriba o Ya, y expuso su trabajo tanto en exposiciones individuales como colectivas. En 1960 recibió el Premio Negtor de fotografía. 
Arcos de la Frontera, 1962.ARCHIVO RAMÓN MASATS

Gracias a su amistad con Carlos Saura, con el que compartió horas de póquer, tuvo acceso al rodaje de Viridiana, de Luis Buñuel, en 1961. 
Charlton Heston, Rodaje de El Cid. 1961.
ARCHIVO RAMÓN MASATS

Repetiría ese año en la superproducción El Cid, de la que dejó una genial secuencia en la que Charlton Heston se va despojando del traje de caballero poco a poco para darse un chapuzón en la playa. 
Libros con fotografía y textos de autores de primera que lanzó la editorial Lumen. En 1962 publicó el libro Neutral Corner, de la editorial Lumen, con textos de Ignacio Aldecoa. Eran imágenes y letras del mejor cine negro que tomó Ramón de gimnasios infectos de Madrid, con contraluces y figuras difuminadas de aspirantes a una gloria forjada a golpes. 
Neutral corner. Ring (1961).ARCHIVO RAMÓN MASATS

En 1963 editó Los Sanfermines con Espasa Calpe, por el que recibió el Premio Ibarra al libro mejor editado. También expuso con el Grupo El Paso en la sala Biosca de Madrid. 
En 1964 publicó Viejas Historias de Castilla la Vieja con Miguel Delibes. Delibes le llevó en coche a los lugares que él creía necesarios. 
Peñaranda de Bracamonte, Salamanca (1961).
 
Tierra de Campos, Valladolid (1962)

ARCHIVO RAMÓN MASATS

Expuso con Carlos Saura en la galería Juana Mordó y realizó su primer documental Prado Vivo, que ganó el premio especial en Taormina. 
Costa Brava, 1962

                                                                                                                                                                         ARCHIVO RAMON MASATS
En 1965 dirigió El que enseña, con el que ganó el Premio Miqueldi de Plata en el Festival Internacional de Cine Documental y Cortometraje de Bilbao. 
ST, 1962.ARCHIVO RAMÓN MASATS (GALERÍA BLANCA BERLÍN)

Madrid, 1963.ARCHIVO RAMÓN MASATS (GALERÍA BLANCA BERLÍN)

Museo del Prado. Madrid, 1965
 
Zorama, Pimientos, 1965

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ARCHIVO RAMÓN MASATS
 

Una de sus fotos de esta época es "Tomelloso, Ciudad Real (1960)", en la que se ve a una anciana aplicando un producto insecticida en el suelo de su casa en una zigzagueante raya. 
Ramón Masats posa con su fotografía 'Tomelloso, Ciudad Real, 1960' para El País Semanal, en noviembre de 2018.CHEMA CONESA

También dejó dos imágenes de Franco. En una, el rostro del dictador queda oculto, mientras lee un discurso, por los micrófonos y la carpeta que sostiene los papeles. Lo que se ve, la gorra, el fajín… componen una estampa que remite a El gran dictador, de Chaplin. 
La otra fue un retrato por encargo de la Caja de Ahorros de Huelva en 1964 que le hizo en El Pardo y en el que, con la dificultad de medir la luz por ser un día de claros y oscuros, acabó con una escena surrealista en la que el dictador le iba avisando: “Que sale el sol”, “que vienen nubes”. El resultado fue un retrato con una mancha de luz de forma fálica apuntando a la cabeza del “generalísimo”. 
Se alejó de la fotografía durante dieciocho años para dedicarse a la realización de documentales para TVE, donde la temática general solían ser los pueblos de España y sus costumbres, con series como Conozca Ud. España, La víspera de nuestro tiempo, Los ríos, Si las piedras hablaran... 
Esta etapa culminó con un largometraje en 1970 que llevó como título Topical Spanish, con guion propio y del humorista Chumy Chúmez, protagonizada por el grupo musical Los Iberos, Guillermina Motta, Victor Petit y José Sazatornil. 
Al año siguiente, en 1971, dirigió para Televisión Española el documental Insular, sobre los paisajes de Lanzarote, con música de Luis de Pablo. 
En 1981 regresó a la fotografía , ya en color, lo que no le supuso problemas. Nunca comulgó con “la nostalgia del blanco y negro”. Hizo entonces más de una veintena de libros para la editorial Lunwerg, con Juan Carlos Luna y Carmen García al frente. Ello le permitió fotografiar paisajes, monumentos, gentes y rincones de toda España. Su estilo se hace más abstracto, se fija en las manchas de diferentes tonos para componer imágenes en las que juega con sus formas. 

Desde entonces  publicó diversos libros, realizado trabajos para empresas e instituciones, incluidos varios documentales para la Exposición Universal de Sevilla de 1992, y múltiples conferencias y exposiciones, tanto retrospectivas como de sus trabajos más recientes. 
Su obra, y su trabajo de tantos años, se puede observar en distintas colecciones de centros de renombre como el Centro Nacional de Arte Reina Sofía, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo y el Museu Nacional d'Art de Catalunya (MNAC), la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, o en salas como el Círculo de Bellas Artes, la Real Fábrica de Tapices en Madrid, el Palau de La Virreina en Barcelona, el Palacio de la Magdalena en Santander, la Galería Marlborough de Madrid o las sedes del Instituto Cervantes en diversas ciudades del mundo como Moscú, Túnez, Atenas o Estambul.
Cursillos de cristiandad, Toledo (1957).ARCHIVO RAMÓN MASATS

Admirador de Henri Cartier-Bresson, Willian Klein, Arnold Newman, Elliot Erwitt, Richard Avedon y Yusouf Karsh. Sin embargo, la historia de Masats en la fotografía se había detenido hace años, tras un encargo sobre la ciudad de Cuenca, un libro publicado en 2007. Para entonces había perdido la ilusión de mirar por el visor, “como un amor que se acaba”, decía. También su físico le confirmó aquel adiós a las cámaras. “Pasé de mirar por la cámara a mirar al suelo para no darme una hostia”.

Ramón siempre aseguraba que era un vago, que en realidad lo que le gustaba era leer, aunque nunca pedanteaba de sus lecturas. “Trabajaba como una mula para poder ser luego un vago”, comentaba. Con el cambio de siglo, Masats se cansó de la fotografía. 
Es a partir de entonces cuando le llegan los reconocimientos, el Nacional de fotografía en 2004, exposiciones, desde la retrospectiva en el Círculo de Bellas Artes, en 1999; hasta la de Tabacalera, en Madrid, en 2020; homenajes, como en los Encuentros fotográficos de Gijón; una tesis doctoral, El roble en el páramo, de Jaime Fuster Pérez, en 2007. 
Su verdadero interés siempre fue “la fotografía humana”, reconocía. “Solo quería enseñar lo que me encontraba”, que era mucha hambre y pobreza. “Si querías miseria tenías la que quisieras”. Nunca hizo sangre de aquellas gentes. Empezó en 1952, la época del “salonismo”, como definió Oriol Maspons, amigo y compañero de generación, al ambiente rancio en el que, año tras año, los mismos fotógrafos hacían el mismo tipo de fotos carcas para exponerlas en los mismos salones. 
Cementerio de Madrid, 1964.ARCHIVO RAMÓN MASATS (GALERÍA BLANCA BERLÍN)

Masats fue siempre más allá de la mera documentación de la sociedad, su carácter está en sus fotografías, el de una ironía que dibujaba sonrisas e invitaba a quedarse varios segundos delante de cada imagen, en definitiva, la demostración de que era un autor. Era uno de los más grandes de la historia de la fotografía nacional —su compañero de generación Carlos Pérez Siquier lo calificaba como “el Cartier-Bresson español”— y el más destacado del grupo que la renovó a partir de los años cincuenta del siglo pasado desde distintas ciudades y colectivos. 
Su fotografía se consolidó como un retrato de los tópicos españoles, pero sin hacer las imágenes típicas, sino con una mirada lateral. Su instinto rápido y su humor lograban un ángulo sorprendente, para convertir algo cotidiano en extraordinario. “Mis fotos no tienes que mirarlas mucho para saber de qué van, son evidentes”. En los últimos tiempos revisó su archivo junto al también fotógrafo Chema Conesa y su hija, Sonia, para rescatar pequeñas joyas. Se ha ido Ramón Masats, quien, como dijo Caballero Bonald, poseía “el distintivo de maestro”.

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