Nuevas visiones y perspectiva de género. Activismos.
Sin embargo, los tiempos están cambiando y se están haciendo modificaciones en los personajes, los roles de género. Es cierto que estos cambios se hacen lentamente, pero lo están haciendo
¿Cómo modifica el arte los roles de género?
De entrada deconstruyendo los roles y estereotipos tradicionales de género, promoviendo la creación artística de las mujeres, en las artes plásticas, escénicas, la literatura, la música, solo por mencionar algunas. En ocasiones, las mujeres en la historia del arte han sido representadas bajo la visión del patriarcado, es decir, bajo el predominio o mayor autoridad del varón en la sociedad. Dicha representación se ha ido moviendo a lo largo de la historia para favorecer los intereses de la clase dominante y facilitar el sometimiento de las mujeres.
Transformar la visión de las mujeres representadas a través de las épocas en las artes, que históricamente han sido o ensalzadas o idealizadas, y empezar a exponer a mujeres nuevas, diferentes, más autónomas, más libres, y quizá más transgresoras. No es fácil para las mujeres que se dedican a las artes, ya que como en los diferentes campos de acción de la humanidad las mujeres han podido ser percibidas de forma distinta. Salir del «rol tradicional» es complicado, al dedicarse a una disciplina artística para las mujeres significa dejar muchas otras esferas de realización en pausa.
Los costos han podido ser distintos para los hombres, por ejemplo, surgen preguntas respecto al matrimonio o a la maternidad, cuestiones personales a las que un hombre rara vez estaría expuesto, y en su búsqueda de libertad para crear, muchas de estas mujeres terminan viviendo vidas de soledad, y cuestionadas, como es el caso de la escritora Doris Lessing quien en 1949 dejó a sus dos hijos en África para proseguir su carrera en Londres —una decisión que se discute todavía, aunque ella murió en 2013.
Esto se ha apreciado a lo largo de toda la historia del arte. Desde las estatuillas de las Venus con el volumen concentrado en las caderas, como símbolo de fertilidad, hasta las mujeres del art decó.
La historia del arte, como la universal, refleja el dominio del hombre blanco y nos insta a revisarnos para desmontar estereotipos, puestpo que las mujeres han aparecido en las manifestacuiones artísticas identificadas en determinados tipos: el ángel del hogar (buena madre y esposa), la femme fatal (mujer seductora y malvada), las mujeres ociosas (de clase alta), la mujer moderna (en los albores del siglo XX, conduciendo o fumando como algo anecdótico), etc. Esas imágenes de las mujeres se han perpetuado hasta llegar a nuestros días. La representación de las mujeres en el arte se remonta a la prehistoria, donde abundan las estatuillas conocidas como Venus que reproducen el cuerpo femenino como fuente de fertilidad, fecundidad y supervivencia de la tribu. Por eso se exageran las partes del cuerpo relacionadas con la fecundidad, como senos, vientre, caderas y pubis.
Después se pasó de la Madre Tierra como Diosa suprema a la compañera. Es el origen de la representación del cuerpo femenino en una conexión con lo sagrado, más que con objeto de deseo. Representan el equilibrio entre lo imaginario y lo real, entre la maternidad y lo que simbolizan. Esta es la representación mayoritaria de la mujer en el arte antiguo (Mesopotamia, Grecia y Roma), la de Madre Tierra como Diosa suprema.
En el antiguo Egipto, cuando la mujer es representada lo hace en compañía del varón.
Las obras de arte sobre la mujer cambian ostensiblemente en el medievo. Dos figuras femeninas cobran una importancia fundamental en el arte: Eva y María. A partir de ellas se construye la dicotomía clásica derivada del pensamiento clerical misógino: o eres santa o eres pecadora. En el arte románico, pecados como la avaricia y la lujuria tienen forma femenina.
A lo largo de la Edad Media la mujer se incorporó a oficios en la ciudad como tenderas, zapateras u orfebres. Si ocuparon puestos creativos, lo que cabe suponer, no se representaron. En el arte se ciñen a ser bordadoras o hiladoras. E hilar, precisamente, se relaciona con la prostitución. La imagen denostada, criticada y juzgada de Eva se cambia por la de Virgen. La Iglesia se encarga de establecer una diferencia abismal entre ambas: la que nos condena por ser tentadora y la que nos perdona y ama como madre celestial abnegada. Una dualidad que comienza a dar paso a otra imagen de mujer: la de María Magdalena, la pecadora redimida.
Durante mucho tiempo, el arte necesitó una de las tres para representar a la mujer, de manera que los roles se reducían a los de madre, amante o barragana. A finales del siglo XIII y comienzos del XIV se desarrolla el arte erótico y la idea del amor cortés, lo que da lugar a una mística de la sexualidad que había desaparecido desde los tiempos de Roma. La mujer se desacraliza y comienza a ser representada como objeto de deseo, pero cumpliendo el ideal de belleza y juventud.
Aunque el Renacimiento trae cambios, el discurso eclesiástico sigue marcando las pautas. El cuerpo femenino se sigue explotando eróticamente en el arte, acaparando protagonismo por encima de cualquier situación ya entonces percibida como injusta.
El papel atribuido a las mujeres en la historia del arte explica cómo se han perpetuado estereotipos y roles que hoy perviven. El arte también necesita perspectiva de género para cambiar las dinámicas y favorecer la igualdad. Podemos decir que, en la actualidad, la vida privada de las mujeres artistas, creadoras, periodistas y pensadoras continúa escudriñándose, comentándose y —sobre todo— aun juzgándose, lo cual no pasó con los hombres.
El arte puede ser un apoyo para romper esos paradigmas tradicionales y crear un hombre y una mujer con posturas, acciones y procesos internos y externos con más libertad.
Pero además de la perspectiva de género, algunas de estas nuevas visiones y enfoques incluyen otras cuestiones con es la Perspectiva interseccional que reconoce que las identidades de las personas no están limitadas únicamente al género, sino que también están influenciadas por factores como la raza, la orientación sexual, la clase social y la discapacidad. En el arte interseccional que desde hace unos años se ha publicitado por ejemplo en la bienal de mujeres en las artes visuales se tiene que aborda estas múltiples dimensiones de la identidad y cómo se entrelazan en la experiencia de una persona.