Joan Fontcubierta
Según el crítico, teórico de la imagen, ensayista y profesor de Comunicación Audiovisual catalán, Joan Fontcuberta: La fotografía no necesita ser fiel a la realidad.
Debido a la sobresaturación de imágenes, ya no es imperativo plasmar en estas la realidad, tiene más protagonismo la postproducción que la misma producción. La urgencia de la imagen por existir prevalece sobre las cualidades mismas de esta. La normalización de la manipulación de las imágenes ha causado una situación recurrente. Ya no se busca ajustar las imágenes a una realidad ideal, ya no tiene sentido buscar realismo. El arte de la fotografía ya no radica en la producción de la imagen, sino en los valores o significados que esta pueda transmitir. En la sociedad en la que vivimos prevalecen las apariencias sobre la realidad objetiva, por lo tanto, es lógico que actuemos en base a lo que nos transmitan las imágenes en vez de actuar sobre la realidad misma.
Nos encontramos en un bombardeo constante de imágenes. Cada fotografía que puede realizarse, ya cuenta con cientos de miles de imágenes similares. Por lo tanto, ya no se tiende a realizar una imagen desde cero, sino a trabajar con el contenido ya existente. Con toda la acumulación de material preexistente, se suele dar el caso de que muchas obras fotográficas partan del trabajo de otras personas. Las imágenes dejan de tener un sentido autónomo, y se articulan entre ellas para explicar algo como conjunto.
El gesto fotográfico se convierte en un acto comunicativo. La fotografía pasa de ser aquello que guarda una vivencia a ser la vivencia en sí. Pasa de servir como documento histórico a tener un propósito más comunicativo. Esto queda en evidencia por el hecho de que, actualmente, al comunicarnos mediante un dispositivo móvil, se utilicen imágenes en vez de texto para comunicar alguna cosa. Debido a esto, no resulta extraño que los líderes en el mercado de cámaras sean empresas fabricantes de móviles.
Todos somos productores y consumidores a la vez, pero producimos en exceso. Esto causa que acabemos produciendo muchas más imágenes de las que somos capaces de consumir.
En el año 2011 Joan Fontcubierta publica en La Vanguardia "Por un un manifiesto posfotográfico", artículo en el cual propone un decálogo sobre la postfotografía:
1. Sobre el papel del artista: ya no se trata de producir obras sino de prescribir sentidos.
2. Sobre la actuación del artista: el artista se confunde con el curador, con el coleccionista, el docente, el historiador del arte, el teórico... (cualquier faceta en el arte es camaleónicamente autoral).
3. En la responsabilidad del artista: se impone una ecología de lo visual que penalizará la saturación y alentará el reciclaje.
4. En la función de las imágenes: prevalece la circulación y gestión de la imagen sobre el contenido de la imagen.
5. En la filosofía del arte: se deslegitiman los discursos de originalidad y se normalizan las prácticas apropiacionistas.
6. En la dialéctica del sujeto: el autor se camufla o está en las nubes (para reformular los modelos de autoría: coautoría, creación colaborativa, interactividad, anonimatos estratégicos y obras huérfanas).
7. En la dialéctica de lo social: superación de las tensiones entre lo privado y lo público.
8. En el horizonte del arte: se dará más juego a los aspectos lúdicos en detrimento de un arte hegemónico que ha hecho de la anhedonia (lo solemne + lo aburrido) su bandera.
9. En la experiencia del arte: se privilegian prácticas de creación que nos habituarán a la desposesión: compartir es mejor que poseer.
10. En la política del arte: no rendirse al glamour y al consumo para inscribirse en la acción de agitar conciencias. En un momento en que prepondera un arte convertido en mero género de la cultura, obcecado en la producción de mercancías artísticas y que se rige por las leyes del mercado y la industria del entretenimiento, puede estar bien sacarlo de debajo de los focos y de encima de las alfombras rojas para devolverlo a las trincheras.