Las narrativas seriales
La cantidad de series producidas en la actualidad se ha multiplicado geométricamente. Ello hace que sea imposible una descripción acabada de todo el universo disponible. Esto da lugar a una segmentación del mercado muy intensa lo que lleva a que se pueda reconocer al consumidor de series como participante de diferentes públicos (masculino, femenino, familiar, de género, policial, documental, dramático, lo romántico, etc.). Cada uno de nosotros está encasillado en una categoría en la que además se pueden desplegar más subcategorías.
Otro aspecto que se ha puesto en interrogación es la idea clásica de autor y director. Las series son reconocidas por la temática y sólo los especialistas reconocen a los autores y los directores. Ocurre que grandes directores se dediquen a la dirección de algunos capítulos como en House of cards, con caso de Jodie Foster o Joel Schumacher o de toda una serie, como David Lynch con Twin Peaks. Pero lo más frecuente es que se haya eclipsado esta función.
Igual pasa para los guionistas que sólo son reconocidos por los especialistas pero no tienen un nivel de conocimiento como se pudo dar en su momento con los directores de cine. Michael Hirst es un afamado guionista británico que escribió series como Casanova, Elizabeth, los Tudor y Vikingos y fue contratado por History Channel para esta última serie pero nunca esta actividad alcanza el grado de celebridad de un escritor literario.
La narrativa de las series parece haber tomado distancia de sus orígenes. Las series tuvieron vínculo directo e inmediato con el cine y la televisión y, en algunos casos con las historietas. Sin embargo, se fueron alejando de sus orígenes. Las causas pueden ser múltiples pero las redes sociales parecen ser las responsables más fuertes de esta diferencia respecto de otros géneros. En más de una ocasión fueron los usuarios los que impusieron a los guionistas una cierta dirección o resolución de los conflictos. Desde la legendaria Star Trek hasta hoy este mecanismo no ha hecho más que incrementarse. Lo mismo ocurre con los puntos de visualización que se alternan entre los medios convencionales y los dispositivos que permiten acceder a las series sin pasar por el cable o por la suscripción a algún servicio pago. Los recursos alternativos parecen ser una tendencia que abarcará a las producciones que circulan por los aparatos que abarcan la telefonía. Se debe advertir que son nuestras vidas las que se han visto modificadas por los recursos tecnológicos y sería muy difícil imaginarse la existencia sin estos dispositivos. La tecnología parece vanagloriarse de disponer de mecanismos para sobreponerse a la ideología.
Dentro de lo que son las series podríamos registrar dos mecanismos dignos de considerar. Por una parte la estructura narrativa misma que supone un alto grado de disposición para el reconocimiento de los hábitos de lectura, tomando en cuenta que todas las herramientas que ha empleado la literatura son retomadas por los dispositivos visuales. Ello hace que toda la terminología que, en teoría, nos permitió analizar los relatos literarios y cinematográficos, hoy esté en condiciones de aplicarse con bastante provecho a las series. Por otro lado, cada serie supone un grado de comprensión bastante alto de los mecanismos de construcción de un relato.
Por empezar se está en condiciones de reconocer en la práctica, sin necesidad de rasgos teóricos que hay una diferencia entre el relato y la historia. El primero, también llamado discurso narrativo, es el enunciado narrativo (oral o escrito) que cuenta un acontecimiento o un conjunto de acontecimientos. La historia, por su parte, también conocida como diégesis, es la sucesión de acontecimientos que el relato narra. Hay un tercer concepto que es la narración o enunciación que comprende el acto de narrar en sí mismo. El empleo de los desfases entre el tiempo de la historia y del relato se orienta hacia el pasado dando lugar a las analepsis o flashbacks o hacia el futuro, dando lugar a las prolepsis.
Francois Jost (2015) en su obra Los nuevos malos. Cuando las series estadounidenses desplazan las líneas del Bien y del Mal. -Buenos Aires: Libraria -propone complejizar la noción de personaje como una visión monolítica y homogénea. Retoma para ello la perspectiva clásica de las máscaras de los personajes. Así establece que cada personaje es un ser plural que tiene distintas máscaras. La primera es la que refiere a la identidad profesional del personaje que se dedica a una profesión determinada. La segunda máscara es la que compete a la familia. Cada uno además de su profesión y de la actividad que identifica a la serie tiene una familia en donde pone en juego sus sentimientos y conflictos como cualquier mortal. Cada uno tiene una historia que lo direcciona en un sentido como para que tenga que tomar la determinación de elegir el tipo de vida que elige que se organizan sobre la base del engaño o la mentira a la que se ven obligados a recurrir para cumplir con sus objetivos. La tercera máscara tiene que ver con la personalidad del héroe, que resulta de entremezclar el carácter, el sistema de valores y el ethos (su presentación ante el público) que diseña su destino en la sociedad.
El juego entre estos elementos permite conformar situaciones en las cuales los espectadores tomamos una posición firme de condena, de aceptación o de comprensión de las circunstancias que llevaron a cada personaje a tener que comportarse de una determinada forma que resulta condenable. Siempre hay atenuantes para aquellos que se ven destinados a tener que elegir un camino que no es el mejor pero que es el que podemos comprender. Quizás el recurso más empleado sea la aparición de personajes que deberían provocar una reacción adversa por parte del público y aparece el desafío de alcanzar una relativa empatía más allá de la falla moral o ética del personaje. Los personajes en más de una ocasión son íconos generacionales que circulan entre el cine y las series.
El universo de las series podría interpretarse como un paradigma de la sociedad norteamericana conformada a partir de un trípode valores que se sostienen sobre ideas muy generales: la familia, la religión y la nación. Dicho esto en términos amplios dado que lo que hay es una permanente impugnación a esos valores. Desde las mentiras seriales de los personajes que se construyen a partir del engaño colectivo como a partir de fortalecer la idea de una nación que se ufana del empleo de la violencia para sostener determinados valores domésticos, siempre sospechando la posibilidad del engaño colectivo. La mentira, la violencia y la xenofobia aparecen como los valores contrapuestos a ese universo que busca una historia y un futuro que conecte con el destino manifiesto de los fundadores de la nación americana.
Los personajes alcanzan un nivel de popularidad mucho más intensa que en otros momentos ya que los dispositivos tecnológicos posibilitan que el universo de los fans se mueva con agilidad en las redes sociales permitiendo una interacción con los guionistas que no era habitual en otros momentos históricos.
La competencia entre Europa y Estados Unidos desde el punto de vista de la producción artística y cultural audiovisuales ha sido saldada desde hace tiempo a favor de los segundos y, más allá de los posibles cuestionamientos acerca de los productos, la realidad evidencia que se trata de una orientación que permanece en una posición de vanguardia. Las series han construido el sitio de predominio de la hegemonía cultural norteamericana. Las series danesas, inglesas, españolas, suecas, brasileras, colombianas o incluso argentinas tienen un sitio marginal respecto de la contundencia de las norteamericanas.
La tecnología permite que se entrelacen las series con otro tipo de manifestaciones culturales como los fans, los blogueros y los videojuegos.