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Variación social

3.2. Variaciones sociales

Elaboración propia con Napkin.ai. Variación social (CC BY-NC-SA)

La variación social, o diastrática, se relaciona con las diferencias lingüísticas que se observan entre distintos grupos sociales dentro de una misma comunidad. Estas variaciones están influenciadas por factores como:

Edad (cronolecto)

l lenguaje de los jóvenes (cronolecto juvenil) suele incluir jergas, neologismos y expresiones propias de su generación que no son utilizadas por personas mayores. Del mismo modo, las generaciones mayores pueden mantener usos lingüísticos que han caído en desuso entre los jóvenes.  

El denominado lenguaje juvenil actual son un conjunto de variedades sociolingüísticas empleadas sobre todo por los jóvenes en la vida cotidiana y en los registros menos formales. Como código restringido, prácticamente se reducen los campos léxicos a los referidos a objetos de la vida cotidiana, el amor y el sexo, los sentimientos, las redes sociales e internet, los videojuegos...  La interpretación sociolingüística de estas jergas juveniles son variadas: signo de cripticismo - código propio incomprensible para los adultos-, manifestación de pertenencia a un determinado grupo social (los jóvenes) y/o de rebelión transgresora (como el uso de la grafía k, okupas, kultura). Estas jergas juveniles son una mezcla de diferentes hablas: habla gitana, como 'chorizo', de 'chorar' (robar) o 'curro'(trabajo); vocablos nacidos en el mundo de la droga, como 'colocarse' o 'chutarse' y abundantes anglicismos, más o menos adaptados: fashion, cool, by the face, bannear, stalkear, random, buguear... No obstante, también se observan nuevas creaciones y neologismos, por deformación de voces coloquiales (sufijación apreciativa -amen, -ata: tetamen, bocata; acortamientos léxicos: 'chori' por 'chorizo') o por nuevos sentidos asociados a palabras existentes, como en 'rollo' (palabra comodín),  o 'punto' ('máximo bienestar').

En ambientes urbanos acomodados, por su parte, se ha descrito otra jerga juvenil: el denominado lenguaje de los pijos. Rasgos fonéticos identificadores de esta jerga son: la articulación de los sonidos excesivamente nasal y la tendencia a alargar la -s en posición final. Por lo que se refiere a la morfología y sintaxis, el uso exagerado de la expresión o sea; las formas apocopadas y las exclamaciones (¡Qué diver!, ¡Qué ilu!,  o la depre, ¡Qué guay!, ¡Superguay!, ¡Chachi!, ¡Chachi piruli!, ¡Ideal!, ¡Megaguay!, ¡Yupi! o ¡Chupi!,¡Faltaría plus!, ¡Yuyu! (dar yuyu). Por último, se considera léxico característico de esta jerga: gente bien, grupo social acaudalado, y extranjerismos: ser una barbie; light; te lo juro por Snoopy  o ser algo fashion.

Nivel socioeconómico y educativo

Existe una correlación entre el nivel de instrucción y el uso de un lenguaje más elaborado, con un vocabulario más amplio y una sintaxis más compleja. Las diferencias pueden manifestarse en la pronunciación (ej. la aspiración de la ‘s’ final en algunos sociolectos), el léxico (uso de jergas o argots específicos) y la gramática. 

Con el término de vulgarismos,  un término evidentemente peyorativo, se denominan los usos proscritos, es decir, fuera de la norma o estándar culto, y se asocian con niveles socioculturales  bajos. De este modo, el lenguaje vulgar se caracteriza por una serie de "errores" (fonéticos, morfosintácticos y de vocabulario) que se consideran una transgresión de la norma lingüística. Algunos ejemplos son: dijistes, haiga, habemos, fuéramos ido, me se olvidó, conducí, andé, el Juan, contri o contra más pienso, delante mío, abuja, gabina, dotor... La RAE pone a disposición de los hablantes una herramienta específica para corregirlos y evitarlos: el  Diccionario panhispánico de dudas (DPD). No obstante, una simple revisión de estos "errores" ejemplificados, desde una perspectiva puramente lingüística, revela que muchos de ellos son arcaísmos (habemos, haiga, fuéramos ido), formaciones analógicas (dijistes, conducí, andé), asimilaciones o reducciones fonéticas (abuja, gabina, dotor), tematizaciones (me se olvidó) o índices de cambios sintácticos (detrás tuya); eso sí, todos ellos son considerados contrarios a la norma y, por tanto, prohibidos. Sin embargo, es importante recordar que la propia RAE contrasta estas prohibiciones con la frecuencia de uso por los hablantes, con el fin de revisar periódicamente esos "errores" y validar, según su extensión y frecuencia,  algunos ellos, que salen así del ámbito de la prohibición. Es decir, la norma que se establece en el DPD no es atemporal ni inflexible. De hecho, este año 2025 se ha publicado una segunda edición revisada del DPD, cuya primera edición data de 2005.

Sexo

Aunque menos marcada y más debatida, algunas investigaciones sugieren que pueden existir ciertas diferencias en el uso del lenguaje entre hombres y mujeres, tanto en el léxico como en la entonación o la elección de estructuras gramaticales.  Parece existir un conjunto de variaciones discursivas que funcionan como estereotipo del habla femenina. Así, buscan mantener relaciones de igualdad con las personas con las que interaccionan, sean estas hombres o mujeres. Esta búsqueda de igualdad favorece rasgos como: iniciar los temas de conversación valiéndose de interrogaciones (¿cómo fue la reunión de ayer?, ¿has probado el nuevo café?), terminar las frases con una entonación interrogativa o dubitativa e intercalar preguntas o exclamaciones en el discurso ajeno (¡no puede ser!, ¿y qué hiciste?); todos con el fin de que su interlocutor perciba que existe interés en lo que dice.  En relación con ello,  la costumbre de expresar las ideas dando rodeos, no porque tengan dudas de lo que desean decir, sino porque se preocupan por el efecto que puedan causar sus palabras en los demás. Otra estrategia habitual de la comunicación femenina, quizás la más estereotipada, es la necesidad de buscar y crear un clima de intimidad a la hora de tratar temas relacionados con las experiencias vitales. Por regla general, las mujeres son más emocionales y expresivas en su conducta lingüística en comparación con los hombres, como  pone de manifiesto, a modo de ejemplo, la mayor frecuencia en el apelativo cariñoso frente al nombre propio para interpelar a sus parejas.  Así, las cualidades de la entonación femenina (timbre más agudo, una mayor variación en la intensidad y un tono más elevado y vivaz) son rasgos prosódicos que se asocian a un exceso de emotividad y falta de objetividad. En el aspecto léxico, la presencia de interjecciones con eufemismos como Caray, chin, auch, son estereotipos lingüísticos femeninos. Existe, en general, una preferencia por el eufemismo y una renuncia al disfemismo, con excepción del lenguaje hipocorrecto que utiliza un amplio grupo de mujeres jóvenes.  En  morfología, el uso de ciertos prefijos como super, hiper está estereotipado como femenino. Igual sucede con el uso de los sufijos de diminutivo cuyo uso, si no es exclusivo, sí muestra mayor frecuencia en el habla femenina.

Es necesario subrayar que tales rasgos lingüísticos no son exclusivos del sexolecto femenino, son tendencias estereotipadas, de tal manera  que un hombre que abuse de una de estas variaciones lingüísticas cuando hable, o que las utilice todas a la vez, es muy probable que sea tachado de afeminado. En general, el habla femenina existe en la dimensión sociolingüística del estereotipo y del prejuicio. 

Profesión y grupos sociales

Cada profesión o gremio desarrolla un tecnolecto, un conjunto de términos y expresiones especializadas que facilitan la comunicación interna y la precisión en su campo. Ejemplos: el lenguaje de los abogados, los médicos, los informáticos... 

A los tecnolectos se añadirían, en segundo lugar, las jergas que permiten caracterizar a un grupo social, sea el que sea, según la actividad que realice: estudiantes, deportistas, funcionarios, pescadores, etc.

Sin embargo, una jerga también puede entenderse como un conjunto de rasgos lingüísticos, generalmente artificiosos, utilizados con una intención críptica o esotérica. Se trata de "lenguas secretas" manejadas por grupos sociales cuya actividad está o puede estar fuera de una norma o incluso fuera de la ley —es la lengua de los bajos fondos, del hampa, de la delincuencia—, aunque también se han utilizado en otras actividades, como las comerciales o las trashumantes.

En fin, el conjunto de rasgos lingüísticos que caracterizan a un grupo social se denomina sociolecto.

Norma panhispánica y lengua estándar

En un idioma tan vasto y diverso como el español, hablado por unos 500 millones de personas en cuatro continentes. Y este dato de unos 500 millones de hablantes de español en el mundo debería conducir a los hablantes de español españoles a la humildad y a la prudencia cuando nos pronunciamos sobre el idioma, puesto que en España la lengua española apenas la hablan unos 50 millones, es decir, menos del 10% del total.  En cualquier caso, parece claro que dado ese número de hablantes y su diversidad surge la necesidad de un marco de referencia que garantice la unidad y la intercomunicación. Este marco es la denominada norma panhispánica del español, un concepto promovido por la Real Academia Española (RAE) y la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) y que corresponde a lo que en otros lugares se denomina la lengua estándar (para el español).

Es fundamental entender que la norma panhispánica no es una imposición, ni busca anular la riqueza de las variedades regionales: carecería de sentido. Por el contrario, su objetivo es el reconocimiento y la promoción de un conjunto de usos lingüísticos comunes y compartidos por la comunidad hispanohablante en su conjunto. Se trata de un consenso sobre lo que se considera “correcto” o “adecuado” en los usos cultos y formales del idioma, especialmente en la escritura y en contextos públicos. Por tanto, se establece una base:  la lengua escrita que se manifiesta en la expresión culta de nivel formal. Como es fácil advertir, se ha seleccionado- se omite deliberadamente la selección de una determinada variedad dialectal del español- para fijar lo "correcto":

  • un canal, la lengua escrita, más estable y fácil de fijar que la lengua oral;
  • un nivel sociocultural, personas cultas y
  • un registro, el formal.

Es decir, se han combinado factores situacionales y sociales para establecer los usos "correctos" del español, de tal modo que se configura como un sociolecto (el grupo social que usa correctamente su lengua). Puesto que se trata de aquellas variedades de lengua que son aceptadas como prestigiosas por la colectividad, son objeto de la enseñanza.  En realidad, es un conjunto borroso de rasgos y procesos fonéticos, morfológicos, sintácticos y léxicos que un hablante culto, en el proceso de su formación institucionalizada (la escuela),  fija como meta y al que debe aspirar porque constituyen de algún modo el pórtico del progreso futuro del alumno.  Resulta ser, por lo tanto, la norma panhispánica un ideal de lengua del que se encuentran realizaciones aproximadas. A este conjunto de rasgos prestigiosos también se le denomina, tal como hemos indicado más arriba,  como lengua estándar.

Características clave de la norma panhispánica:


•             Policentrismo: Reconoce que no existe un único centro normativo del español (por ejemplo, Madrid). Todas las variedades cultas de los diferentes países hispanohablantes contribuyen a la construcción y evolución de la norma. Esto significa que el español de México, Argentina, Colombia o Chile, por ejemplo, tienen la misma validez y contribuyen por igual a la norma general.

No obstante, este policentrismo ha sido tachado de pura declaración, porque, a efectos prácticos, la norma panhispánica es una nueva norma culta castellana con concesiones, que persigue sobre todo la necesaria unidad para el negocio del español internacional. Además, los nuevos métodos de difusión de esa nueva norma (los medios escritos y audiovisuales) resultan mucho más perversos que los anteriores (la escuela), porque penetran sin conciencia clara de ello. Establecer Es el propósito del Manual de estilo para los medios de comunicación hispanos internacionales de la Fundéu.

•             Unidad en la diversidad: Su principal propósito es establecer un marco común que permita la intercomunicación y la comprensión mutua entre todos los hispanohablantes, sin anular las particularidades regionales. Es decir, busca un equilibrio entre la necesidad de una lengua común y el respeto por la identidad lingüística de cada comunidad.

•             Referencia para el uso culto: Sirve como guía para el uso correcto y deseable del español en los niveles cultos y formales, especialmente en la escritura, en la educación, en los medios de comunicación y en otros contextos públicos. No pretende regular el habla coloquial o informal, donde la libertad y la espontaneidad son mayores.

•             Obras de referencia: La norma panhispánica se materializa y difunde a través de las obras académicas de la RAE y la ASALE, que son consultadas por millones de hispanohablantes en todo el mundo. Las más importantes son:

–            El Diccionario de la lengua española (DLE): Recoge el léxico general del español.

–            El Diccionario panhispánico de dudas (DPD): Resuelve dudas lingüísticas y ofrece recomendaciones de uso.

–            La Nueva gramática de la lengua española (NGLE): Describe la estructura y el funcionamiento del español.

–            La Ortografía de la lengua española: Establece las normas de escritura.

–            La Guía panhispánica de lenguaje claro y accesible (Guía): Ofrece recursos y recomendaciones para una comunicación clara y efectiva.

–            El Libro de estilo de la lengua española:  Orienta y ofrece pautas para una correcta redacción.

La norma panhispánica es fundamental para la enseñanza del español como lengua materna y extranjera, ya que proporciona un marco de referencia que permite a los estudiantes adquirir una competencia comunicativa amplia y adecuada para interactuar en cualquier contexto hispanohablante.

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