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Prejuicios sobre la diversidad intralingüística

 

Como ya sabemos, la diversidad lingüística se manifiesta geográfica, social y situacionalmente, nos centraremos ahora en los prejuicios lingüísticos que rechazan o estigmatizan variaciones dialectales, variedades sociales y variedades situacionales de una misma lengua, a saber, las valoraciones negativas erróneas que se derivan de no reconocer la diversidad lingüística en una misma y única lengua. 

Como con precisión explicaba Miren Azcárate en el pódcast citado, en realidad, son valoraciones sociales sobre las personas que hablan, sobre los hablantes: son prejuicios sociales. Lo que se percibe como rechazable o inferior son usos lingüísticos, pero esos usos son inseparables de las personas concretas que los hablan. El rechazo o estigma, el desprecio es a la persona que los utiliza.

Hablismo y elitismo (variedades sociales)

El hablismo es un tipo de discriminación por el modo de hablar de la persona. Las diferencias entre las maneras de hablar de distintas personas se convierte  en un prejuicio, de tal modo que los modos de hablar que se alejan de un modelo que se toma como base y referencia se valoran como deficientes o no aceptables socialmente. Aunque este artículo de prensa no se refiere directamente a una situación española, su titular nos dice mucho y pone de relieve la derivación habitual del prejuicio hacia la discriminación (por razón del dialecto, en este caso): “Aprende a pronunciar si quieres trabajar aquí”: así es la discriminación por acento

Habitualmente, esa discriminación está vinculada al clasismo o elitismo: las clases altas hablan mejor que las clases bajas.  Establecer una correspondencia entre corrección o validación y clase social es, evidentemente,  un prejuicio: las clases bajas no hablan peor por sus condiciones económicas que las altas. 

Otro tipo de hablismo es el prejuicio contra el habla juvenil. La forma de hablar de los jóvenes a menudo es objeto de crítica por parte de generaciones mayores, quienes la consideran
"incorrecta", "empobrecida" o "llena de anglicismos". Habitualmente, en ese rechazo de las generaciones adultas no se tiene en cuenta que los usos juveniles son formas efímeras, acotadas a ámbitos muy limitados (saludos, despedidas, relaciones amorosas y de amistad...) que, con frecuencia, se abandonan cuando llegan a la edad adulta, puesto que las formas específicamente juveniles son marcas o señas de identidad del grupo. Asimismo, los jóvenes son hábiles hablantes y cambian de registro y sociolecto, según corresponda: no usan jerga juvenil con los adultos, ni en situaciones formales ni en temas académicos. En suma, esa una jerga generacional creativa que explota la capacidad evolutiva y de cambio de las lenguas, pero que soporta un prejuicio social: los jóvenes hablan mal porque son jóvenes. Y este prejuicio lingüístico se completan con otros prejuicios de estigmatización social: los jóvenes son perezosos, irresponsables, incultos, inestables emocionalmente y conflictivos. 

Asimismo, también hemos calificado de estereotipo lingüístico el denominado lenguaje femenino. Evidentemente, en este caso, el estereotipo lingüístico acompaña o subraya la discriminación por razón de sexo o género, como, por ejemplo, es la brecha salarial. A veces, estos prejuicios y estereotipos se suman. Paradigmático es el caso de la política española Mª. Jesús Montero que ha sufrido descalificaciones y rechazos tanto por el uso del dialecto andaluz como por su condición de mujer. 

El hecho de ser mujer, andaluza y dedicarse a la política ha llevado a diferentes autores –hombres mayoritariamente–, a estigmatizar, ridiculizar y poner en entredicho su desempeño profesional.

El-Founti Zizaoui, Amina. 2025. ¿Qué es hablar mal? María Jesús Montero y el estudio de la discriminación lingüística y de género a través de la prensa. Discurso & Sociedad 19, 231-261, p.232

Lengua vs. dialecto (variedades geográficas)

Lengua y dialecto son términos diferentes que se refieren a idénticas realidades lingüísticas: sistemas naturales de comunicación que combinan elementos con una sintaxis determinada. De hecho, sabéis que el español fue, históricamente, un dialecto del latín y hoy, sin embargo, se considera una lengua común a cientos de millones de hablantes.

Las diferencias, por tanto, entre una lengua y un dialecto obedecen a razones extralingüísticas: sociales, políticas, económicas... Así, la denominada lengua con frecuencia es oficial ( no obstante, astur-leonés y aragonés son lenguas, pero no son oficiales):  lengua propia de un estado o territorio en que se escriben las leyes, que usa la administración y los medios de comunicación y que se enseña en la escuela (sistema normalizado). Por el contrario, el dialecto es una variedad geográfica (o geolecto, o variedad diatópica), es decir, propia de un territorio donde se habla una determinada lengua, no muy diferente a otras variaciones geográficas o dialectos de esa misma lengua y no normalizado (no se escribe).  

Por tanto, es un prejuicio (idea preconcebida errónea) descalificar con el término dialecto al sistema de comunicación de una comunidad si con ello quiere decirse que es inferior o no alcanza la categoría de lengua.  Con cierta frecuencia, escuchamos, con el sentido de descalificar o minusvalorar esas lenguas, que el gallego o el catalán son "dialectos".

Dialectos "inferiores" de una lengua (variedades geográficas)

Los hablantes de diferentes dialectos del español (murciano, canario, extremeño, castellano del norte, andaluz...) no escriben en ese dialecto y pueden comunicarse entre sí, es decir, son mutuamente inteligibles (se entienden cuando hablan un canario con un murciano). De hecho, una lengua es la suma de los diferentes dialectos que la diferencian geográficamente, esto es, una lengua es un conjunto de dialectos. Y esto quiere decir que ningún hablante de español habla español (es la lengua común a diferentes dialectos), sino una variedad geográfica o dialecto del español.  

Además, es evidente que la corrección lingüística no está ligada a un territorio: un hablante de español de Valladolid, por el hecho de ser vallisoletano, no habla mejor que un hablante de español de Sevilla. No tiene sentido privilegiar o considerar más correcto o prestigioso al hablante de un dialecto de una lengua en relación al hablante de otro dialecto de esa misma lengua. Y estos prejuicios, obviamente, no se limitan al español. Así, por ejemplo, el dialecto ibicenco del catalán, por su proximidad con el español, es valorado (prejuiciado) como inferior o incorrecto por otros hablantes de catalán: Los castellanismos de los ibicencos que escandalizan a Cataluña y al resto de Baleares: "Habláis fatal".

En realidad, esta discriminación por la zona geográfica del hablante no puede ocultar un prejuicio social (un estereotipo). Bien extendido está el que asocia andaluz (o latinoamericano) a pobreza, incultura, marginación...  Incluso entre estudiantes universitarios sevillanos está documentada esta percepción negativa del andaluz frente al castellano norteño:

los estudiantes sevillanos relacionaron la variedad castellana con un mayor estatus social: personas con una ocupación laboral más elevada, con ingresos económicos altos y con una formación académica principalmente universitaria.

Marrero, Juana. 2020.Percepción de las variedades andaluza y castellana de los jóvenes sevillanos: un análisis contrastivo, Onomázein 50, 71-89. p. 86

Que este estereotipo sobre el dialecto andaluz tiene históricas, profundas y duraderas raíces es la penalización del dialecto en el ámbito de los medios de comunicación (vid. ¿Nos seguimos guiando por los estereotipos cuando hablamos sobre el andaluz?). En las empresas de comunicación, se valora un acento "neutro" o "estándar", de tal modo que se penaliza a aquellos que tienen acentos regionales o dialectales. Es una evidente discriminación, ya que se asocia el acento "neutro" con profesionalidad y el acento regional con falta de ella. Es particularmente extraño que los periodistas de de informativos Canal Sur, un medio de comunicación público de ámbito andaluz, no usen su propio dialecto.  Para la cadena Canal Sur, parece un debate reiterado y tedioso, por no decir superado.  De este modo, el dialecto andaluz solo se escucha y usa en Canal Sur cuando son los invitados a un programa quienes toman la palabra. No obstante, también es cierto que otros profesionales de Canal Sur reivindican, clara y abiertamente, el uso de su dialecto, caso de Manu Sánchez o de José Guerrero 'Yuyu'. 

José Guerrero, "Yuyu". En defensa del acento andaluz (Licencia estándar de YouTube)

Contra el coloquialismo (variedades situacionales)

El registro coloquial, caracterizado por su espontaneidad, informalidad y cercanía, es la forma de comunicación más común en la vida diaria. Sin embargo, a menudo es objeto de prejuicios que lo asocian erróneamente con la falta de educación o incorrección (el uso de coloquialismos, expresiones informales o una sintaxis más relajada es indicativo de una educación deficiente o de una baja capacidad intelectual), la vulgaridad o irreverencia (la espontaneidad y expresividad del coloquial se asocia a la grosería y lo soez),  o la incapacidad de expresarse en registros formales o académicos (el registro coloquial deteriora la capacidad de articular racionalmente el pensamiento).  

Evidentemente, este prejuicio desconoce el concepto de registro o variedad situacional. Existe una confusión común entre el registro adecuado para una situación y la corrección lingüística. Se asume que el registro coloquial es inherentemente "incorrecto" o "lleno de errores", cuando, en realidad, la corrección depende del contexto y de la adecuación al mismo. Un coloquialismo puede ser perfectamente correcto en una conversación informal,pero inadecuado en un contexto académico.

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